Yo decido, la IA ejecuta
Cuando un cliente me dice que la inteligencia artificial ya hace webs sola, le doy la razón: las hace. Lo que no hace es hacerlas con mi criterio, que es producto de más de dos décadas de experiencia.
Lo que le delego
A la IA le delego el trabajo pesado: código, documentación, algunas imágenes, auditorías y traducciones. Esta web, por ejemplo, está en tres idiomas, y parte de su auditoría de rendimiento la hice con IA, como conté en La web que mide su velocidad.
Lo que no le delego
Yo preservo el criterio y las decisiones ejecutivas. Nunca dejo que la IA tome una decisión importante del proyecto sin mi participación.
Cuando la IA se queda en lo genérico
Me pasó con mi propio sitio. Las primeras versiones eran muy genéricas, y tuve que intervenir para llegar a mejores resultados. Las imágenes de mis proyectos, por ejemplo, eran portátiles de catálogo sobre fondo blanco, como en tantas otras webs. Hoy son capturas reales de cada sitio.
También había textos que cualquiera podría firmar y cifras que nadie había medido. Las quité, y lo expliqué en Cifras con fuente o sin cifras. Para que la IA no vuelva a caer en lo mismo, ahora trabaja con un manual que deja mi criterio por escrito.
Lo que gana el cliente
El cliente gana tiempo. Somos más eficientes, y sus sitios están listos antes.
Lo que sigue en Drakkar
En Drakkar, la agencia que dirijo, estamos usando la IA para automatizar procesos administrativos y repetitivos. Es el mismo reparto: la máquina hace lo que se repite, y las personas deciden.